miércoles, 18 de agosto de 2010

QUÉ ES COMUNICACIÓN PARA EL DESARROLLO

¿Qué es la Comunicación para el Desarrollo?


Breve ensayo en base a las exposiciones y lecturas del curso Comunicación para el Desarrollo de Gina Gogin

En estas breves líneas ensayaré algunas respuestas a aquello que siendo la especialidad que elegí estudiar y de la que me gradué hace ya varios años, siempre me resultó complicado de entender y por ello, difícil de explicar:
¿Qué es la Comunicación para el Desarrollo?

Para ser franca, aún no he resuelto todas mis dudas, es más creo que con el tiempo estas han aumentado, pero ¿saben qué? A diferencia de antes, estas dudas o preguntas sin respuesta me reconfortan y me dan la seguridad que ando por buen camino. Gina Gogin nos hizo valorar la importancia de alimentar nuestra capacidad de asombrarnos con humildad sobre aquello que mientras más se conoce, menos se sabe en el fascinante pero aún poco comprendido mundo de la comunicación para el desarrollo.

Como su nombre lo indica, la comunicación para el desarrollo contribuye a promover y fomentar el desarrollo, pero no cualquier tipo de desarrollo, sino aquel entendido como “ciudadanía”. En otras palabras, la comunicación debe aportar a:

- Formar ciudadanos conscientes de sus derechos y responsabilidades.
- Ampliar las oportunidades y capacidades para que las personas decidan su presente y futuro.
- Promover la autogestión para garantizar la sostenibilidad.
- Fomentar el diálogo y debate abierto basado en una escucha atenta, abierta, generosa, respetuosa y tolerante del “otro”; orientada al consenso y enmarcada en valores democráticos.
- Promover la participación en la vida pública.

La ciudadanía arriba descrita, entonces es la que enmarca el significado y la práctica comunicacional. De ello, se deriva, que se puede entender la comunicación como un derecho y deber ciudadano que puede acercarnos al desarrollo.

Para fomentar y promover ciudadanía, la comunicación para el desarrollo busca incidir en: los conocimientos, las actitudes y las prácticas de la persona humana. Como Nelson Mandela puso de manifiesto en el Congreso Mundial de Comunicación para el Desarrollo (Italia, Octubre del 2006) es la gente quien marca la diferencia. Y la comunicación se refiere a la gente.


El siguiente cuadro explica de manera más didáctica lo arriba descrito:

Conocimientos Objetivos
No conoce ¿Qué se quiere que la gente conozca?
Actitudes
Importancia Discernir lo bueno de lo malo
Prácticas
No sabe qué hacer ¿Qué queremos que la gente sepa hacer?

Por eso, la comunicación para el desarrollo busca concientizar y no persuadir; busca promover el diálogo y el debate, no difundir; y busca el desarrollo de las personas, no de las cosas. Bajo esta perspectiva, se debe evitar entender y hacer comunicación sólo en términos de productos. Esta visión reduccionista de la comunicación equipara la comunicación a talleres o campañas. Es necesario hacer un viraje para entender la comunicación enfocándonos en los actores -las personas- a partir de las cuales se instalan procesos y se producen sentidos enmarcados en la promoción y fomento de la ciudadanía.

Ello no significa restarle importancia a las campañas o talleres, sino más bien situarlos o entenderlos como elementos, piezas o medios de un proyecto más grande que apunta a la promoción y fomento de ciudadanos.

La comunicación para el desarrollo es una forma particular de hacer comunicación. Esta particularidad se debe a que este tipo de comunicación busca que los individuos y las comunidades se apropien tanto de los mensajes como de los medios (en términos de contenido y proceso). Por tanto, se trata de un proceso de comunicación que otorga poder (empodera) a la comunidad, que busca dar voz a los no escuchados, que es de “muchos a muchos”; y que pone el énfasis en contenidos y temáticas locales.”

Se debe de entender la comunicación como un proceso de producción de sentidos. Y es en ese proceso se hace necesario –por un tema ético y eficiente en el logro de resultados- reconocer al “otro”. Para ello, el comunicador debe adiestrarse en el uso de anteojos interculturales. Solo así se podrá apreciar, conocer y entender al interlocutor en todo su esplendor: inmerso en su contexto cultural, social, político y económico. El conocimiento del componente contextual debe complementarse con el componente familiar del “otro”: cómo fue criado, y su bagaje en “conocimientos, valores, actitudes y prácticas”. En el colegio nos enseñan a escribir, pero: ¿Quién nos enseña a hablar? ¿Quién nos enseña a dialogar? ¿Quién nos enseña a conversar? ¿Quién nos enseña a soportar una comunicación llena de discrepancias sin caer en el ataque y reaccionar a la defensiva? La familia es la clave.

Ello explica porque muchas veces, aquellos en cuyo nombre se ejerce el desarrollo no están preparados para hacer oír su voz. Es necesario desarrollar sus capacidades para que expresen sus vivencias, narren sus problemas, los expliquen y ensayen rutas de solución.

Pero nuevamente, aquí no sólo importa el destino sino también el viaje, o si se quiere no sólo importan los resultados sino el proceso: es a partir de la palabra dicha que las personas cuyas voces no se escuchaban obtienen “reconocimiento social” y con ello, se contribuye a fortalecer su autoestima.

Saber escuchar parte del supuesto de que la gente tiene algo importante que decir y aportar. Nuestra meta, como comunicadores para el desarrollo es rescatar los testimonios de los propios actores de los procesos sociales. Los comunicadores para el desarrollo tenemos el reto de saber escuchar para poder hablar a otros; es necesario desarrollar que nosotros desarrollemos la tolerancia en la pluralidad; que agudicemos y ejercitemos nuestra capacidad de comprender a quienes son diferentes. Lo peor que podría ocurrir y créanme que ocurre es que “en casa de herrero, exista un cuchillo de palo”.

Por ello, conocer al otro –por ejemplo a través de una investigación de audiencias- implica que además del conocimiento temático- se trabaje en promover un proceso de establecimiento de relaciones comunicativas que permitan una convivencia armoniosa entre distintos, algo que a un país como el Perú, donde conviven tantas culturas, necesita a gritos.

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